domingo, 30 de octubre de 2022

La literatura y el arte del siglo XIX en Venezuela y su influencia en la construcción de un imaginario cultural republicano.

 CRISTÓBAL ROJAS

Literature and art of the nineteenth century in Venezuela and its
influence on the construction of a republican cultural imaginary
José Urbina Pimentel

RESUMEN
La ruptura con el orden colonial en el territorio
de la Capitanía General de Venezuela, como
resultado del proceso de independencia,
trae consigo la gestación de un estado de
caos e incertidumbre generalizado, en el
cual se impone el fenómeno del caudillismo.
En este artículo, se plantea, como surge
entonces, durante el siglo diecinueve, el
comprometido aporte del sector intelectual,
a través del desarrollo del arte, en las
disciplinas de literatura, pintura y escultura
para forjar las bases de un imaginario cultural
republicano, que permite el reconocimiento
y afianzamiento de un ideal nacional,
simbolizado en el sentimiento colectivo de la
venezolanidad. Adicionalmente, cada sujeto
histórico imprimió de forma subjetiva su
apreciación de los hechos, por lo que puede
decirse, que el imaginario cultural venezolano
tuvo influencia de índole colectiva de su
intelectualidad, como elemento de transición
entre un modelo colonial impuesto y un
modelo republicano por construirse.
Palabras claves: Imaginario cultural
republicano, literatura y arte del siglo XIX en
Venezuela, patrimonio histórico, identidad
nacional, venezolanidad.

ABSTRACT
The break with the colonial order in the
territory of the General Captaincy of
Venezuela, as a result of the process of
independence, brings with it the gestation of
a state of chaos and generalized uncertainty,
in which the phenomenon of caudillismo is
imposed. In this article, it arises, as it arises
then, during the nineteenth century, the
committed contribution of the intellectual
sector, through the development of art,
in the disciplines of literature, painting
and sculpture to forge the foundations of
a republican cultural imaginary, which It
allows the recognition and consolidation
of a national ideal, symbolized by the
collective sentiment of Venezuelan identity.
Additionally, each historical subject imprinted
his appreciation of the facts in a subjective
way, so it can be said that the Venezuelan
cultural imaginary had collective influence of
his intellectuality, as an element of transition
between a colonial model imposed and a
republican model to be constructed.
Key words: Republican cultural
imagination, literature and art of the 19th
century in Venezuela, historical heritage,
national identity, Venezuelan identity.

Artículo recibido el 06 de julio de 2017 y aprobado el 25 de agosto de 2017

José Urbina Pimentel (Boconó, 1965). Licenciado en Historia, Licenciado en
Educación, Magister Scientiarum en Gerencia Educativa, Especialista en Planificación
Educacional. Profesor Universitario en la Universidad de Los Andes (1995-
1998), Universidad Católica Cecilio Acosta (2003-2017), Universidad Pedagógica
Experimental Libertador (2003-2017) y de Secundaria en liceos de Mérida (1996-
2017).

REVISTA ESTUDIOS CULTURALES
VOL 10, N°20. Julio-Diciembre 2017

La literatura y el arte del siglo XIX en Venezuela y su influencia en la construcción de un imaginario cultural
republicano. José Urbina Pimentel / pp. 163-170

Introducción
Las características que definen la venezolanidad, ha sido un tema de interés para
investigadores de la cultura y la historia nacional durante años, tomando en cuenta la
simbología y el patrimonio con los cuales se relaciona y se ha definido en el transcurso
de su proceso evolutivo como república independiente. Venezuela, al igual que el resto
de países latinoamericanos, es una nación relativamente nueva, con un pasado colonial
temporalmente más extenso, y un proceso prehispánico que se remonta a miles de
años, y que plantearon la génesis cultural para un mestizaje y un sincretismo que hoy
la caracteriza. De manera tal, que la búsqueda de un sentido de cohesión colectiva
nacional ha sido el producto de la participación, el empeño y los aportes de diferentes
sectores de la sociedad venezolana, incluyéndose instituciones y particulares.

La búsqueda de un imaginario cultural venezolano.
La independencia de Venezuela desarrollada a principios del siglo XIX y que lleva a
la creación del Estado nacional en 1830, significa una ruptura con el orden colonial
establecido durante tres siglos por la Corona Española en el territorio conocido
inicialmente por Colón como “Tierra de Gracia” desde el siglo XV. Las diversas
estructuras políticas, jurídicas, económicas, sociales y culturales responden durante
toda la época colonial a una serie de pautas definidas, impuestas y monopolizadas
por los intereses del Estado imperial español, y que estuvieron caracterizadas a lo
largo del periodo, por una fuerte tendencia a la estabilidad de la sociedad durante tal
momento histórico.
Ahora bien, la larga guerra emancipadora iniciada en 1811 y que culmina en 1823,
con la toma de la plaza de Puerto Cabello “…el 8 de noviembre del mismo año,
cuando las fuerzas republicanas, mandadas por el general en Jefe José Antonio Páez,
la rindieron e impusieron una capitulación a sus defensores” (Bencomo, 1992: 399),
corta abruptamente con el funcionamiento de la sociedad colonial, imponiéndose
como consecuencia una crisis socio-política y una anarquía gubernamental, que se
expresa por medio del surgimiento del fenómeno del caudillismo.
Es así, que en la década de los años veinte del siglo decimonónico, se produce el
triunfo de la causa patriótica, concretamente con los últimos enfrentamientos que se
desarrollan en suelo venezolano, a partir de la Batalla de Carabobo de 1821, los cuales
implican un fuerte golpe que desgasta a las tropas realistas y se mantendrán con una
tímida presencia en el suelo venezolano, tomando algunas ciudades, hasta su derrota
total en 1823 y la incorporación del territorio al proyecto grancolombiano en calidad de
departamento, el cual tiene su génesis ya en 1819 en Angostura por iniciativa de Bolívar.
Posteriormente, una serie de fuertes contradicciones, oposiciones e intereses políticos
regionales y caudillescos conduce a la república amplia ideada por Bolívar a su
desestabilización y desaparición entre 1829 y 1830. Surge entonces el Estado venezolano,
cuando “…el 13 de enero de 1830, se constituyó un gobierno provisional, presidido
por Páez…” (Rodríguez, 1992: 13), que se autoriza meses después en octubre, al ser
sancionada la Constitución de 1830, oficializándose la República de Venezuela. Debe
considerarse que la historiografía nacional, no le ha brindado la relevancia necesaria a
estas fechas, que forman parte esencial del nacimiento del Estado-nación.
Ahora bien, los cambios que se producen con la emancipación van más allá de lo
político, ya que, para la población es una situación totalmente novedosa y radical,
luego de una larga tradición colonial de tres centurias. La sociedad colonial tiene como
característica fundamental una gran estabilidad en el funcionamiento de todos sus
órdenes, además de mantenerse profundamente apegada a un pensamiento basado
en los rígidos valores de la fe cristiana, de la cual, el Imperio Español desde la época
de los Reyes Católicos y, sobre todo, por medio del proceso de la contrarreforma
impulsada por Felipe II, se convierte en su más férreo defensor.
Comienza entonces la República, con la necesidad de edificarse, de materializarse y
de llenar un profundo vacío político, contrastante con la situación anterior. Romper
con la Colonia implica un rechazo a lo hispano, no sólo en la relación política, sino
en lo cotidiano y vivencial. Al ciudadano común se le presenta la única opción de
adaptarse a nuevos tiempos. Pero, para la clase política, los nuevos líderes, implica
el reto de responder a la ardua tarea de emprender la gobernabilidad política de un
amplio territorio.
Ante este reto, existe un problema: el enquistado fenómeno del Caudillismo. El
caudillo es expresión del caos y la anarquía al atomizar el poder: la autoridad de
derecho reside en Caracas representada por la figura presidencial y su legalidad
constitucional, pero, de hecho, en cada localidad existe un jefe político, que impone
sus propias normas como dinámica socio-política-cultural. Toma la constitución
un claro sentido de letra muerta. En fin, se hace imprescindible la construcción
de una nueva nación sobre los restos de un proceso anterior cuyas sólidas bases
estructurales han sido fuertemente resquebrajadas. Dentro de este ideal de forjar las
características identitarias de la nación (nacionalidad) en ciernes, se encuentran los
aportes del sector intelectual y artístico por medio de la realización de una serie de
obras fundamentales, y que han trascendido en el tiempo para recrear el país ideal.
En tal sentido, desde el plano literario como de la expresión plástica, aparecen
notables contribuciones que paulatinamente sumarán elementos para lograr el
arraigue popular, para la identificación de un colectivo con el sentirse venezolano:
es decir; el surgimiento de un sentimiento y un accionar que se define como la
venezolanidad, como base de la nacionalidad venezolana. Un conjunto de escritores,
novelistas y poetas, historiadores, pintores y escultores del siglo XIX, producen obras
que engrosan el ideal venezolano. Es característico el hecho de que en la producción
intelectual y artística se exalta el valor patrio y se utiliza una visión romántica que
enaltece y magnifica los hechos de la guerra de independencia, promoviendo el culto
a los héroes y el sentimiento patrio.
A principios del siglo XIX, la actividad literaria en Venezuela es limitada, debido a
que gran parte de los intelectuales se involucran directamente en el proceso bélico;
pero, sí se hace posible el desarrollo de un periodismo que se basa en la defensa de
las ideas libertarias; es importante recordar que, a raíz de la llegada de la imprenta
a Caracas en 1808, comienzan a importarse tales máquinas hacia las principales
ciudades y pueblos del territorio. Durante la época independentista va a destacar
de manera importante la prolífica actividad epistolar que redacta Simón Bolívar en el
ejercicio de su función como estadista y líder militar, así como en lo referente a sus
relaciones interpersonales; serían sus edecanes y más cercanos allegados, quienes
posteriormente se dan a la acuciosa tarea de recopilarlos como documentos oficiales
y memorias, tal es el caso de Daniel Florencio O’Leary.
En cuanto a la narrativa, predomina un estilo romántico, teniendo un carácter de
instrumento pedagógico y de construcción de la identidad nacional, apareciendo en
este sentido escritores como Eduardo Blanco, Manuel Vicente Romero García, Juan
Antonio Pérez Bonalde y Fermín Toro, entre otros. Va a destacar como responsable
fundamental de la construcción épica, Eduardo Blanco, con su “Venezuela Heróica”
en la cual describe la epopeya venezolana de la guerra emancipadora, cargada de
poesía y subjetividad con un interés manifiesto por encender el patriotismo entre
sus contemporáneos, lo cual va a trascender a generaciones posteriores. Blanco es
contundente al afirmar que “Sobre doscientos mil cadáveres levantó Venezuela su
bandera victoriosa; y como siempre en los fastos modernos, la República esclarecida
en el martirio se irguió bautizada con sangre” (Blanco, s.f.: 17).
En sí, puede afirmarse que “Venezuela Heroica” viene a representar la novela patriótica
por excelencia, de este proceso dedicado a recrear y enaltecer la independencia nacional.
También tendrá una importancia fundamental en la construcción de la noción de la
nacionalidad venezolana, el surgimiento y desarrollo de una historiografía republicana,
que se plantea romper con el estilo impuesto durante el período colonial, el cual se
basa específicamente en las interpretaciones efectuadas, en los primeros tiempos de
la Colonia, por los cronistas y conquistadores, y más adelante, por funcionarios de la
Corona, que expresan la narrativa histórica desde una perspectiva psicológicamente
hispana, con el fin de explicar a Europa, las realidades y vivencias de la colonia americana.
En los primeros años de la república, durante la llamada oligarquía conservadora, bajo
la egida paecista, resalta la propuesta de Rafael María Baralt de investigar y escribir
sobre la historia y geografía de Venezuela, a petición oficial del presidente Páez y de
Agustín Codazzi, partiendo de la necesidad de construir una historia patria, con una
temática que brinda importancia primordialmente a los hechos de la independencia,
adentrándose en su valor heroico: “Así nace, con la participación de Ramón Díaz
Martínez, el Resumen de la Historia de Venezuela en 3 volúmenes, publicado en 1841
en París, adonde había viajado Baralt comisionado por Codazzi, para ayudar a la
elaboración y edición de los trabajos emprendidos” (Rodríguez, 1992: 297).
Más que historia crítica se escribe durante esta época, historia política, en la cual
el elemento romántico destaca e incentiva el amor por la patria y sus héroes y sus
hazañas. Participan además de esta vertiente historiográfica: Juan Vicente González,
Felipe Larrazábal, Felipe Tejera y el sacerdote y militar José Félix Blanco. Este último
obtiene el rango de prócer de la independencia por su participación en la misma.
Blanco, al principio con funciones de Capellán del Ejercito Libertador, toma la
decisión de dejar de lado la vida eclesiástica, optando por la aventura castrense de
comandar tropas; ya en sus últimos años, se dedica a recopilar, organizar y comentar
los documentos de la independencia y la actuación pública de Bolívar.
Esta postura historiográfica con sentido epopeyico, abre el camino para el posterior
surgimiento de una corriente positivista que busca en los hechos, el basamento
científico por encima de la subjetividad personal, y que tiene su confirmación
institucional con la creación en 1888 de la Academia Nacional de la Historia, durante
la presidencia de Juan Pablo Rojas Paúl.
Otro aporte determinante dentro de este proceso integral de forjar una nacionalidad
pertenece a la pintura. En el período colonial dicha actividad plástica se caracteriza por
tener como centro de inspiración artística la religiosidad católica, por lo que se hacen
fundamentalmente representaciones pictóricas alegóricas a escenas bíblicas como la
natividad, la anunciación, la adoración de los reyes o la crucifixión, entre otras.
Es importante mencionar, que durante el siglo XVIII evoluciona una escuela
caraqueña, la cual viene a suplantar la importación de pinturas provenientes de la
Península Ibérica, o de las ya para la época reconocidas escuelas santafereña, quiteña,
limeña y cusqueña, para satisfacer la demanda de la Iglesia y de la clase mantuana.
Con la llegada de la Independencia, el tema de carácter netamente religioso cede
espacios a nuevos intereses artísticos. Va a ser determinante el aporte que realiza
Juan Lovera, pintor perteneciente durante gran parte de su vida al período de la
pintura colonial, pero quien, en su condición de testigo presencial del proceso en
desarrollo, retrata los acontecimientos del 19 de abril de 1810 y 5 de julio de 1811,
que a la larga serán sus cuadros más famosos. Lovera, quien historiográficamente es
reconocido como el pintor de los próceres venezolanos, al retratar entre otros a
Bolívar, Páez y Vargas, vive en la coyuntura entre ambas tendencias artísticas.
Debe mencionarse que Bolívar fue retratado por reconocidos pintores en diferentes
momentos de su vida, así como luego de su fallecimiento, dentro y fuera de
Venezuela. “También lo retrató el artista venezolano Juan Lovera, inspirándose en
el lienzo de Gil de Castro que poseía María Antonia Bolívar; uno de los oleos de
Lovera, que permaneció durante siglo y medio en manos de sus descendientes,
se halla hoy en la residencia presidencial La Casona…” (Uslar, 1992: 406). Otro
pintor fundamental relacionado directamente con la emancipación fue Carmelo
Fernández, un sobrino de José Antonio Páez, con una tendencia eminentemente
paisajista. Fernández queda reconocido para la posteridad por realizar los retratos
más divulgados de Simón Bolívar, los cuales realiza luego de la muerte del héroe.
Posteriormente, surge una generación de pintores que se encargan de recrear
visualmente las más importantes batallas de la independencia, entre ellos: Pedro
Castillo, autor de “Las Queseras del Medio”; Martin Tovar y Tovar con “La Batalla de
Carabobo” y “La Firma del Acta de la Independencia”, además de las pertenecientes a
la denominada Campaña del Sur, como son “Boyacá”, “Junín” y “Ayacucho”; Cristóbal
Rojas, el autor de “La muerte de Girardot”; y Arturo Michelena quien plasma el
encierro y soledad de “Miranda en la Carraca”. Paradójicamente, esa imagen aportada
por Michelena para la posteridad histórica y la memoria colectiva de un Miranda
preso en su celda de Cádiz, la hizo con el apoyo de un modelo real, que no es otro
sino Eduardo Blanco, el celebérrimo autor de la mencionada “Venezuela Heroica”.
Son obras que magnifican e idealizan una guerra en la cual las tropas no son tan
numerosas, ni tan bien uniformadas, ni tan bien armadas, por lo que parecen más
bien copiar escenas de las realidades bélicas europeas del momento, basadas en las
campañas napoleónicas, pero las cuales se convierten a la larga, en la memoria gráfica
del venezolano sobre la visión de la guerra independentista. De manera tal, que estas
pinturas retrotraen el imaginario colectivo de aquellos años de lucha.
En cuanto al arte escultórico, la independencia del territorio supone también una
ruptura con la tradición colonial de esculpir tallas netamente religiosas, dirigidas a
ambientar las iglesias y los acostumbrados espacios reservados a la oración de las
casonas particulares, en forma de nichos y altares.
A mediados del siglo XIX se retoma el interés por rendir culto a la figura de Simón
Bolívar, luego de que su exilio y veto político propiciado por su enfrentamiento con
Páez, va a ser suspendido. Han transcurrido prácticamente quince años, desde los
tiempos de La Cosiata, en los cuales la idea, existencia y afecto por Bolívar son proscritos
del territorio venezolano, señalado bajo la acusación de traidor a la patria.De manera
tal que, en diciembre de 1842, el día 17, a los doce años exactos de su muerte, llegan a
Caracas los restos de Bolívar, repatriados por orden del presidente Páez, comenzando
de nuevo a ser reconocido como el Libertador y Padre de la Patria.
Las primeras esculturas de Simón Bolívar en Venezuela son realizadas por los artistas
italianos Pietro Tenerani, durante la época de las historiográficamente llamadas
oligarquías conservadora y liberal, y por Adamo Tadolini, quien, contratado por
Antonio Guzmán Blanco, erige en 1874, en la Plaza Bolívar de Caracas, la Estatua
Ecuestre de Bolívar, que sirve de marco de referencia para imitaciones que comienzan
a colocarse en otras plazas públicas de ciudades y pueblos del interior del país. De
hecho, anteriormente se presentan varias iniciativas por hacer estatuas y bustos de
Bolívar, mientras él está vivo, las cuales no llegan a concretarse. En tal sentido, puede
afirmarse que “La estatua ecuestre de Tadolini y la estatua de Tenerani, de pie…han
sido dominantes en la estatuaria del Libertador.” (Caldera, 1995: 151).
Es necesario mencionar dentro de esta génesis identitaria aupada por el sector
cultural, el rol cumplido por el Estado venezolano, al brindar carácter oficial a la
simbología nacional, decretándose en diferentes momentos históricos a la Bandera,
al Escudo de Armas y al Himno, como emblemas nacionales, es decir, brindándoles
la categoría de Símbolos Patrios. Por otro lado, la gestión modernizante y progresista
de Guzmán Blanco debe ser tomada en cuenta por su empeño en desarrollar una
arquitectura majestuosa, palaciega, marcada por su tendencia a imitar la estética
urbana francesa, siendo el Capitolio Federal y el Panteón Nacional los edificios más
representativos de este periodo.

Conclusión
En conclusión, el siglo XIX, republicano, caudillista y postcolonial es entonces
determinante en la construcción de un ideal nacional, en la búsqueda de amalgamar
los sentimientos de un pueblo que sufre la crisis mental y sociocultural de la ruptura
con un orden y un estilo de vida impuesto tradicionalmente por más de tres siglos,
sirviendo además para la posterior consolidación de la identidad propia de un
gentilicio que se viene llamando de tiempo atrás “venezolano”, enriqueciéndose
y dinamizándose con los aportes adquiridos de carácter mestizos, culturales,
idiosincráticos de la contemporaneidad.
Existe en tal sentido, toda una infraestructura artístico-cultural que aporta además de la
fuerza y de la belleza de las ideas y de las palabras, así como de la recreación estética,
una carga de valores subjetivos para unificar la naciente república. En líneas generales,
la estrecha relación cultura-arte-tradición como pioneros en la construcción de un
espacio colectivo: el ser y sentirse “venezolanos”.

Referencias
Bencomo, H. (1992) Revolución Independentista. En: Diccionario de Historia de
Venezuela. Caracas, Venezuela, Fundación Polar, Primera Reimpresión, Tomo III.
Blanco, E. (s. f.) Venezuela Heroica. Caracas, Venezuela: Bloque de Armas.
Caldera, R. (1995) Bolívar Siempre. Caracas, Venezuela: Academia Nacional de la Historia.
Rodríguez, A. (1992) Gobiernos de José Antonio Páez. En: Diccionario de Historia de
Venezuela. Caracas, Venezuela: Fundación Polar, Primera Reimpresión, Tomo III.
Rodríguez, O. (1992) Rafael María Baralt. En: Diccionario de Historia de Venezuela.
Caracas, Venezuela: Fundación Polar, Primera Reimpresión, Tomo I.
Uslar, A. (1992) Simón Bolívar. En: Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas,
Venezuela: Fundación Polar, Primera Reimpresión, Tomo I

Poblamiento histórico de Venezuela


Rutas expedicionarias del siglo XVI en el territorio indígena de lo que hoy es
Venezuela
Figura 6
Rutas expedicionarias del siglo XVI en el territorio indígena de lo que hoy es Venezuela
Estaba y Alvarado, 1985. Tomado de Pulido y Amaya (2015)
La distribución espacial de la población venezolana se ha efectuado en relación al proceso histórico vivido durante su proceso de evolución histórica. Cuando se menciona poblamiento, se hace referencia al establecimiento de personas en lugares antes deshabilitados o poco poblados, acción que se cumple mediante un proceso de ocupación y colonización de un territorio, lo cual supone la fundación de caseríos y pueblos.
     Ahora bien, desde el punto de vista de la Geografía Humana, el poblamiento es el proceso por medio del cual las personas eligen unos espacios territoriales para instalarse en ellos de modo estable, en forma concentrada (pueblos o ciudades) o dispersa (pequeños caseríos), buscando aquellos que brindan las condiciones más adecuadas para satisfacer las necesidades de subsistencia y desarrollo económico y social: terrenos más planos y cultivables, agua abundante, posibilidad de acceso a recursos.
     En tal sentido, el poblamiento del territorio venezolano es un proceso que se cumple en el transcurso de las etapas de su historia: la prehispánica, la colonial y la republicana. En las dos primeras se echan las bases del poblamiento posterior, de la distribución espacial de los centro poblados y de la población actual de Venezuela.
     Al principio, los diversos grupos indígenas buscar habitar aquellos espacios más benignos para desarrollar sus sociedades, siendo esta las regiones occidental y centro norte,  específicamente las etnias de origen timote, cuica y caribe. Las zonas de las llanuras centrales y sur del país, presentaban por lo tanto menos población. Por lo tanto, la población de Venezuela: ha estado distribuida desigualmente desde la misma época prehispánica, en la cual la población indígena se encontraba concentrada en la región Costa Montaña, mientras que los llanos presentaban una población dispersa y Guayana escasos focos de población dispersa y grandes áreas despobladas.
     Durante el proceso colonial, esta distribución espacial se había mantenido casi inalterable. Los europeos, así como los aborígenes, encontraron en la región de la Costa-Montaña las condiciones geográficas más favorables para su establecimiento: clima agradable, suelos excelentes para el desarrollo y práctica de la agricultura, agua en abundancia.
     Para el colonizador europeo esta región presentaba, además, una posición geográfica que la hacía más accesible que las otras, lo que facilitaba sus relaciones con las islas del Mar Caribe y España, y una abundante población indígena que sería incorporada como mano de obra en el trabajo de las minas y los criaderos de perlas primero, y sostén de la actividad agrícola posteriormente. En la actualidad, esta distribución persiste, con algunos cambios de poca significación para el conjunto nacional: la población se encuentra repartida desigualmente, con una alta concentración en la región costero-montañosa, con mayor énfasis que en los llanos y Guayana pocos focos de población dispersa y extensos espacios vacíos. Esta condición ha sido limitante en el logro de un desarrollo espacial integral.
     Entonces en Venezuela existe una clara distorsión entre la distribución de los recursos y el poblamiento. Venezuela es un país de grandes espacios vacios. El 40 % de la población se concentra en un área que apena llega a cubrir el 2,4 % del territorio nacional, mientras que vastos espacio agrícola de los llanos y Guayana se encuentra deshabitado o subutilizado. El territorio al sur del Orinoco que representa el 45% del área nacional, apenas posee el 5% de la población..
     Como consecuencia, la distribución espacial presenta un acentuado desequilibrio entre la diversas regiones de Venezuela. Mientras una pocas presentan mayor concentración demográfico e infraestructural,  la mayoría es menor presencia humana, trayendo grandes diferencias en lo económico, social y cultural.



Posición geográfica y astronómica de Venezuela

 El Espacio Geográfico.


El espacio geográfico es un concepto utilizado por la ciencia geográfica para definir el espacio organizado por la sociedad. Es el espacio en el que se desenvuelven los grupos humanos en su interrelación con el medio ambiente, por consiguiente es una construcción social, que se estudia como concepto geográfico de paisaje en sus distintas manifestaciones (paisaje natural, paisaje humanizado, paisaje agrario, paisaje industrial, paisaje urbano, etc.). También se emplea el término territorio.

Según Jean Tricart, “En su sentido más amplio, el espacio geográfico es la epidermis del planeta Tierra”. El espacio geográfico posee dos dimensiones fundamentales, la locacional y la ecológica. De allí se definen dos grandes sistemas que interactúan entre sí y que conforman el espacio geográfico. Se trata del sistema espacial por un lado y del sistema ecológico-ambiental por el otro.

Desde un punto de vista histórico, el espacio geográfico es acumulativo, en tanto posee las huellas de las diferentes sociedades que lo organizaron en el proceso histórico. En muchas regiones y en antiguas ciudades se superponen los espacios organizados por las sociedades que se sucedieron en los sucesivos periodos históricos (prehistóricas, antiguas, medievales, modernas o contemporáneas, del Antiguo Régimen o de la era industrial); a todo ello hay que agregar que en la actualidad está tomando forma una nueva organización del espacio producto de la sociedad de la información o del conocimiento.


Posición geográfica de Venezuela.

Está localizada en el continente americano, al norte de América del Sur, en plena intertropical. Su superficie abarca 916.445 Km² y la extensión de sus costas es de 4.006 Km.


Situación Astronómica de Venezuela


   
Astronómicamente nuestro país se encuentra situado entre los 12º11´46" y los 0º38´53" de latitud norte (LN) y entre los 59º47´30" a 73º23´00" de longitud oeste (LO).


Los 12º11´46" de LN reciben el nombre geográfico de cabo San Román, se encuentra en la península de Paraguaná estado Falcón y forma el punto más continental septentrional. A su vez, los 0º38´53" LN corresponden al nacimiento del río Ararí o Castaño, se ubica en el estado Amazonas y constituye el punto continental más meridional del país.


Por su parte, los 59º47´30" se ubican en la confluencia de los ríos Barima y Mururuma, estado Delta Amacuro y comprende el sitio más oriental continental. Así mismo, los 73º23´00" están justamente en el nacimiento del río Intermedio, estado Zulia y representa el punto continental más occidental.


La situación descrita, le asigna a nuestro país un conjunto de consecuencias latitudinal y longitudinalmente.


Límites de Venezuela
Por el norte: El mar Caribe es el componente limítrofe más complejo del país. Sobre él se han establecido límites con los mares territoriales de: Trinidad y Tobago, Francia, los Países Bajos, Estados Unidos de América, República Dominicana, Bonaire, Curazao y Aruba.
Por el sur: Limita con Colombia y Brasil.
Por el este: Limita con Guyana y el océano Atlántico.
Por el oeste: Limita con Colombia.
  El territorio venezolano se fue conformando durante los siglos XV - XVII con la llegada de los españoles a América, y fue dividiendose en varias provincias. El territorio actual de Venezuela, se formó con la unión de todas las provincias que conformaban la Capitanía General de Venezuela para el año de 1777, basándose en el principio del Uti Possidetis Juris, y se ha venido modificando a través de los años con los tratados internacionales, en los cuales, Venezuela siempre ha ido perdiendo terreno hasta quedar con el territorio que tiene actualmente. Desde la disolución de la Gran Colombia en 1830 el territorio según la constitución de este año dice que el territorio de Venezuela es igual a lo que era la capitanía general de Venezuela.
     El territorio de un Estado generalmente esta compuesto por la tierra firme, aguas, ríos, lagos, el espacio aéreo, subsuelo y los golfos.
   Venezuela cuenta con una superficie continental e insular de 916.450 km². Es una compacta superficie continental, cuya longitud máxima es de 1.493 km en dirección este-oeste y de 1.271 km en dirección norte-sur, contribuyendo a facilitar la integración y cohesión interna. Cuenta con una amplia costa, que alcanza en el mar Caribe los 2.183 km de longitud desde Castilletes al promontorio de Paria; su forma es irregular y está constituida por numerosos golfos y bahías, entre los que destacan el golfo de Venezuela y Cariaco, y más de 314 islas, cayos e islotes de soberanía venezolana que se extienden por el norte hasta la isla de Aves y su zona de exclusividad económica marítima. A su vez, cuenta con 1.008 km de riberas continentales en el océano Atlántico, desde Paria hasta Punta Playa, incluyendo el golfo de Paria, la isla de Patos y la fachada litoral del Delta del Orinoco y las islas adyacentes, donde destacan costas selváticas, cenagosas y cubiertas de manglares.
Fronteras terrestres de Venezuela
-       Colombia
     La  frontera entre Colombia  y Venezuela es un límite internacional continuo de 2.219 kilómetros que separa a ambos países, con un total de 603 hitos que demarcan la línea divisoria. Es la frontera más amplia que ambas naciones poseen con alguna otra.
     La frontera, fue demarcada por medio de dos tratados: el Laudo Español de la Reina María Cristina de 1891 y el Tratado de Límites y de Navegación Fluvial de 1941. Ahora bien, aún persiste el problema por la definición de la frontera en el Golfo de Venezuela.
     Los límites parten desde el Cabo Castilletes en línea recta hasta Matajuana, de la misma forma hasta Altos del Cedro y Motilones en la Sierra de Perijá. De ahí se extienden bajo las cimas montañosas de la sierra hasta el río Intermedio, luego hacia los ríos de Oro,  Catatumbo, Zulia, Arauca, Meta y su desembocadura en el Orinoco, hasta los ríos Atabapo y Guainía, concluyendo en la "Piedra del Cocuy", compartida también con Brasil.
     La parte fronteriza que colinda con Zulia se rige bajo accidentes geográficos montañosos, y la parte amazónica y apureña está determinada por la presencia de ríos y desembocaduras.
     Actualmente, Venezuela en su frontera colombiana, vive una gran cantidad de problemáticas socio-políticas, como por ejemplo, la presencia de fuerzas guerrilleras en la línea fronteriza y la alta cantidad de actividades delictivas e ilícitas  que entran al territorio nacional.
     Los puntos de acceso vial más importantes están comprendidos entre las poblaciones de Ureña-Cúcuta y San Antonio del Táchira-Cúcuta.
-       Brasil.
     El Tratado de Límites y Navegación Fluvial del 5 de mayo de 1859 inició la delimitación de las fronteras entre Venezuela y Brasil; allí Brasil renuncia a favor de Venezuela todos sus posibles derechos en las cuencas de los ríos Orinoco y Esequibo, y a su vez Venezuela renuncia a favor de Brasil a todos los posibles derechos en la cuenca amazónica, exceptuando una parte del río Negro.
     El 17 de mayo de 1988, ambos países celebran un nuevo tratado en el cual se establece una banda de 30 metros de ancho a cada lado de la línea fronteriza, en la cual no pueden realizarse actividades ni obras. Esta frontera tiene una longitud aproximada de 2.850 km. El límite geográfico comienza en el punto triple: Brasil-Colombia-Venezuela de la Piedra del Cocuy, y continúa en línea recta hasta el Salto de Huá; continúa a través cumbres montañosas que constituyen la línea divisoria de las cuencas del Orinoco y Amazonas. El punto final  se encuentra en la cima del tepuy Roraima.
     El lugar de mayor importancia por acceso vial está comprendido entre las poblaciones de Santa Elena de Uairén, Venezuela y Pacaraima, Brasil.
-       Guyana
     La frontera que divide a Venezuela de Guyana no es exacta lo que se debe a la inconclusión definitiva de la delimitación de ambos países. Venezuela reclama una región de Guyana: La Guayana Esequiba.
     Sin embargo, actualmente Venezuela ejerce soberanía hasta Punta de Playa (Delta Amacuro). La delimitación con la actual Guyana se remonta a la época colonial de dicho país, con su pertenencia a Gran Bretaña.
     Hasta 1850, Gran Bretaña reconoció el curso del río Esequibo como límite con Venezuela, sin embargo en 1887 estimuló la penetración de colonos al territorio atraídos por los ricos yacimientos auríferos de la región. En 1899 se dictó en París un Laudo Arbitral, interviniendo por Venezuela dos representantes estadounidenses.
     Venezuela ha delimitado fronteras marítimas internacionales de mutuo acuerdo con los países vecinos, sin necesidad de acudir a instancias internacionales. De acuerdo con esta posición, ha delimitado sus áreas marinas y submarinas con cinco países. A diferencia de los actuales límites de las fronteras terrestres, donde ha perdido casi la mitad de su territorio original, los tratados para trazar los límites marítimos, hasta ahora definidos, han sido justos y equitativos.
     En cuanto a los límites marítimos por definir: con Colombia existen desacuerdos sobre el método de delimitación sobre las aguas del Golfo de Venezuela; con los estados anglosajones del Caribe oriental se cuestiona la soberanía y/o el mar patrimonial que le genera la isla de Aves a Venezuela; y con Guyana no pueden delimitarse áreas marinas y sub-marinas hasta que no sea resuelto el diferendo territorial sobre la Guayana Esequiba y el mar patrimonial que este genera.

Consecuencias derivadas de la situación latitudinal

  • Venezuela es un país tropical, pues se encuentra entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, por lo tanto los rayos solares inciden casi perpendicularmente sobre su territorio durante todo el año.
  • Los días y las noches tienen casi la misma duración, es decir, a 12 horas de iluminación le suceden 12 horas de oscuridad.
  • Desde el punto de vista de la temperatura presenta un clima isotermo. Ello significa que la diferencia de temperatura entre le mes más frío y el mes más cálido es menor de cinco grados centígrados (5 ºC), en aquellos lugares donde no influye la altitud. Por ejemplo, en Barcelona durantes el año 2006, la temperatura del mes más frío (enero) fue 25,6 ºC y la temperatura del mes más cálido fue 28,9 ºC.
  • La temperatura es alta, superior a los 18 ºC durante todo el año en las regiones donde no influye el relieve.
  • La altitud es un factor que modifica el clima pues da origen a los pisos térmicos. Ejemplo de los pisos térmicos en nuestro país.
  • Venezuela tiene un régimen estacional de lluvias, es decir que los periodos lluviosos se alternan con los de sequía y debido a su comportamiento se distinguen tres zonas a saber: zona norte, zona central y zona sur
  • En nuestro país, particularmente en el litoral Caribe, ocurren precipitaciones extraordinarias, es decir, intensas lluvias, tormentas tropicales y los efectos marginales de los huracanes, debido a la influencia de las vaguadas y al calentamiento de las aguas del océano Atlántico Norte.
  • Ocurrencia de mar de fondo o mar de leva.
  • Venezuela es un país que presenta gran biodiversidad de ecosistemas.


Consecuencias derivada de la situación longitudinal

Puede afirmarse que la principal consecuencia derivada de la situación longitudinal son los husos horarios, por lo cual, el país posee por su tamaño una hora estándar dentro de todo el territorio. La variación horaria es mínima con respecto al resto de países americanos, y la diferencia con referencia a Europa no es tan notoria, como lo es con Asia.


Ventajas y Desventajas de la Posicion Geografica de Venezuela

    Una posición geográfica puede tener tanto ventajas como desventajas, y estas pueden clasificarse dependiendo del tipo que se trate. Hay ventajas económicas, políticas, climatológicas, militares, energéticas etc.
     La ubicación de Venezuela en el mundo es sin duda un punto a su favor. Hay muchas más ventajas que desventajas, las cuales se desglosan a continuación en este artículo. La posición geográfica es consecuencia del movimiento de placas tectónicas, y está relacionada con los recursos naturales que se pueden aprovechar. Para Venezuela ha resultado especialmente provechoso el hecho de contar con un clima benigno durante todo el año y una diversidad de recursos como pocas naciones en el mundo pueden disfrutar.
Ventajas
1.  Puede desarrollar una actividad comercial fácil por vía marítima, por ejemplo: EE.UU., Canadá, Las Antillas, Centro América.
2.     Representa un puerto y aeropuerto de fácil escala para comunicarse con Europa y Asia
3.    Al estar ubicada dentro de la zona intertropical le permite comercializar o adquirir productos de zona templada, que por su clima no puede producir, como por ejemplo el arroz que es por temporada
4.   La salida al Mar Caribe y el Océano Atlántico le confiere derecho sobre la plataforma continental y también derecho a las riquezas pesqueras, naturales, playas
5.    La explotación minera en las extensas costas desde la Península de la Guajira hasta el Golfo de Paria
6.     Muchos puertos en todas las costas
7.   Producción agropecuaria durante todo el año.

Desventajas
1.    El contrabando. Dificulta al gobierno el resguardo del territorio.
2.    La extensión aérea plantea difícil la correspondiente defensa.
3.   Clima no apto para la producción de rubros mediterráneos.

La literatura y el arte del siglo XIX en Venezuela y su influencia en la construcción de un imaginario cultural republicano.

  REVISTA ESTUDIOS CULTURALES : Valencia, Universidad de Carabobo, Doctorado de Ciencias Sociales mención Estudios Culturales. Facultad de ...